Hay materiales que forman parte de nuestra vida cotidiana hasta el punto de que dejamos de reparar en ellos. El tejido es uno de ellos.

Nos protege del sol, nos resguarda, aporta confort, viste espacios y forma parte de la arquitectura que habitamos. Pero el tejido puede ser mucho más que un elemento funcional. Puede ser estructura, volumen, movimiento y expresión. Incluso puede convertirse en arte.

Estos días, el Museo Reina Sofía de Madrid dedica una retrospectiva a Aurèlia Muñoz (Barcelona, 1926-2011), una de las figuras clave en la renovación del lenguaje artístico textil del siglo XX. La exposición, Aurèlia Muñoz. Entes, recorre más de cinco décadas de investigación en torno a las fibras, los materiales y las técnicas textiles.

Cuando un tejido deja de ser únicamente un tejido

Aurèlia Muñoz convirtió las técnicas textiles en el centro de su trabajo artístico.

A través del bordado, el macramé y diferentes técnicas de anudado, sus obras fueron abandonando progresivamente el plano para ganar volumen y ocupar el espacio. El tejido dejaba así de ser únicamente soporte o elemento decorativo para convertirse en la propia obra.

Sus estructuras anudadas, sus grandes piezas suspendidas y sus conocidos pájaros-cometa muestran hasta qué punto una fibra puede transformarse a través de la técnica, el conocimiento del material y la creatividad.

Una de sus grandes aportaciones fue precisamente cambiar la manera de mirar el textil.

Durante siglos, tejer ha estado estrechamente ligado a la utilidad: vestir, cubrir, proteger o decorar. Muñoz partió de esas mismas técnicas para demostrar que los hilos, los nudos y las fibras también podían construir formas, interactuar con la arquitectura y transformar un espacio.

Otra forma de entender el tejido

En Sauleda llevamos más de un siglo trabajando alrededor del tejido y conocemos bien todo lo que puede existir detrás de una superficie aparentemente sencilla: materia, estructura, técnica, textura, color y comportamiento.

En nuestro caso, esa transformación tiene una finalidad funcional: crear tejidos capaces de gestionar la luz y la sombra, ofrecer protección y mejorar el confort de los espacios.

Pero poner en valor el tejido también significa mirar más allá de esa función.

Significa reconocer el conocimiento que existe detrás de cada estructura y entender cómo un mismo material puede conectar industria, diseño, arquitectura, artesanía y creatividad.

Por eso nos resulta especialmente interesante encontrar hoy el tejido ocupando las salas de uno de los principales museos de arte contemporáneo.

La obra de Aurèlia Muñoz nos recuerda que tejer también es construir: construir superficies, volúmenes, espacios y nuevas formas de relacionarnos con la materia.

Quizá ahí reside, precisamente, el arte de tejer.